La pedagogía de la curiosidad, hoy continúa vigente
Enfoque Educativo con Laura Águila Franco
@laura_aguila
La pedagogía de la curiosidad surge como un movimiento educativo propuesto y desarrollado por el pedagogo latinoamericano Simón Rodríguez, quien consideraba que la “curiosidad es una característica natural de los niños que debía ser estimulada por los docentes para facilitar el aprendizaje de sus alumnos”. En la actualidad conocemos que la pedagogía es una ciencia social e interdisciplinar enfocada en la investigación y reflexión de las teorías educativas en todas las etapas de la vida, no solo en la infancia. La pedagogía facilita al docente elaborar, a través de la didáctica, las estrategias y métodos que permitan que la totalidad de sus alumnos se encuentren en las mismas condiciones para adquirir y apropiarse de los contenidos impartidos, como parte de su proceso formativo. Po su parte, la curiosidad es el deseo de saber o investigar sobre alguna cosa, de descubrir algo que no se conoce. La curiosidad como rasgo, es intrínseca en la persona y perdura en el tiempo, motivándole a buscar respuestas y aumentar sus conocimientos. Como puede observarse, ninguno de los dos términos es nuevo o desconocido para las personas dedicadas a la educación, y a lo largo de los años se han realizando investigaciones en este campo, para ir enriqueciendo las aportaciones de la pedagogía, puesto que la curiosidad es esencial en los seres humanos, es el ingrediente principal en la investigación, lo podemos observar en los avances científicos y tecnológicos como una clara demostración de ello, es en la niñez cuando la curiosidad se manifiesta con mayor frecuencia ya que los niños buscan aprender más y más cada día sobre todas las novedades que los rodean, es por ello que inducir y alimentar el aprendizaje cuando el alumno es “curioso” se hace mucho más sencillo, ya que el alumno se siente cautivado por lo que está descubriendo y aprendiendo. Al alumno “preguntón” lo define su gusto por indagar, curiosear, explorar y un importante y genuino interés en aprender, es aquel alumno que los profesores dicen “abruma” con sus preguntas, e incluso llega a ser incómodo y molesto para la clase, y por lo general cuando percibe que sus preguntas no son resueltas o bien recibidas por sus compañeros y maestros, deja de cuestionar, desmotivándose y perdiendo muchas veces el interés por aprender. Es aquí donde el docente debe echar mano de la pedagogía de la curiosidad, para poder identificar a este tipo de alumnos y apoyarlos, entendiendo que parte de su trabajo al enseñar, es justamente despertar la curiosidad de sus estudiantes. Una de las razones para estudiar y entender la pedagogía de la curiosidad radica en que, si bien es cierto que cotidianamente manejamos el concepto de curiosidad como el deseo de saber y conocer más de lo que ya conocemos, científicamente este concepto no es tan simplista. A finales de los años 60 y principios de los 70, Daniel Berlyne quien fue un psicólogo experimental, y pionero en investigar sobre este tema, destacó que la curiosidad podría darse en dos categorías: 1) la curiosidad perceptual, producida por estímulos sensoriales externos, que motiva a explorar el entorno y 2) la curiosidad epistémica, propia de los seres humanos y que se observa en la búsqueda de conocimiento, por lo que la primera es un estado pasajero, que se disminuye en el momento de encontrar o recibir una respuesta; la segunda es un rasgo interno en la persona y continúa en el tiempo como un motor que la impulsa a seguir buscando respuestas y generar su propio conocimiento. Cubrebocas de colores para combinar | Disponible en Amazon En los seres humanos, la curiosidad dispone y prepara al cerebro para el aprendizaje, en palabras del Dr Matthias Gruber, Psicólogo de la Universidad de Cardiff, en Reino Unido, “La curiosidad surge cuando la atención se enfoca a un vacío de información en el propio conocimiento. Estos vacíos producen la sensación de privación, que llamamos curiosidad. El individuo curioso está motivado para obtener la información que le falta, o para reducir o eliminar la sensación de privación”, la curiosidad nos permite avanzar, abrir nuevas puertas y hacer cosas nuevas”, la curiosidad pone el cerebro en un estado que le permite aprender y retener cualquier tipo de información que motive lo aprendido”. De este modo, si un profesor (a) tiene la capacidad de estimular la curiosidad de sus alumnos sobre el tema a trabajar, la motivación para aprender se incrementará y estarán más dispuestos y alertas para recibir, asimilar y apropiarse del conocimiento, en áreas o asignaturas en donde habitualmente se consideran difíciles o aburridas, por lo que, imbuir a las y los estudiantes con un sólido deseo de conocer y aprender es vital en un aula (presencial o virtual). La curiosidad también promueve que el aprendizaje sea una experiencia más gratificante para los alumnos, debido a que se ha encontrado en investigaciones recientes que cuando una persona muestra curiosidad por algo, y esta se refuerza a través de información, se registra mayor actividad en el hipocampo (región del cerebro que tiene un papel importante en el aprendizaje de regulación, la codificación y la consolidación de la memoria), y también en el área tegmental ventral (VTA región cerebral compuesta de neuronas que se encuentra en el mesencéfalo y que tiene un papel destacado en el sistema de recompensa cerebral). Este circuito es el mismo que se estimula cuando conseguimos algo que realmente nos gusta, como caramelos o dinero, y depende de la dopamina, la sustancia química de “sentirse bien”, que transmite el mensaje entre las neuronas y nos da una clase de euforia, así que en este tema, podemos beneficiarnos de los avances en las neurociencias para ser aplicables en el aula y así fortalecer el aprendizaje de las y los estudiantes. Judy Willis, neuróloga de la Universidad de UCLA y educadora, recomienda que durante las horas de clase sea factible estimular la curiosidad de los estudiantes utilizando elementos novedosos e inesperados: colores distintos, variaciones en el tono de voz, un video o fotografía curiosa, pistas, piezas de rompecabezas, variaciones en el movimiento, cualquier cosa que pueda crear esa intención de predecir lo que va a suceder, ya que cuando se intenta predecir qué va a ocurrir, se observa activación cerebral considerable. Daniel Willingham, Doctor en Psicología Cognitiva de la Universidad de Virginia, promueve que “expongamos a los estudiantes a resolver incógnitas, debido a que cuando logramos resolver problemas o realizar satisfactoriamente retos a nivel cognitivo, se libera dopamina, un neurotransmisor relacionado con la recompensa en el cerebro, es fundamental considerar la importancia del grado de dificultad de dichos retos, ya que, si son demasiado fáciles o se les brinda la respuesta demasiado pronto, no se genera esta respuesta placentera, sin embargo, tampoco es recomendable presentar desafíos demasiado difíciles que el alumno no pueda resolver por sí mismo ya que tampoco se logra el cometido. En los centros escolares, hay que sensibilizar a las y los docentes a fomentar y desarrollar la curiosidad, pues las personas curiosas prestan más atención en clases y a todo lo que le rodea, también son capaces de desarrollar una buena memoria para poder almacenar toda la información que le ha llamado la atención, son muy buenos para escuchar y se adaptan mejor a los cambios, son innovadores, muy perseverantes, preguntones y están llenos de ideas con las que esperan hacer cambios significativos en el mundo, dejar atrás las viejas prácticas de “aprendizajes planos”, alejados de la realidad del alumno, y “tareas” que solamente buscan cumplir un programa. Recordar que las y los estudiantes rápidamente aprenderán a “devolver” el desinterés de algunos profesores hacia sus preguntas y expectaciones, mostrándose indiferentes hacia lo que él o la profesora también cuestionen. Disponible en Amazon Puede concluirse que la curiosidad ayuda a sentar buenas bases para el aprendizaje, ya que contribuye a buscar o construir respuestas, las neurociencias han aportado información relevante en este sentido, demostrando que una conducta de “curiosidad” produce en la persona respuestas cerebrales evocadas en tres zonas del cerebro: el núcleo caudado, la corteza prefrontal y las circunvoluciones del hipocampo, por lo que la curiosidad une los centros de aprendizaje con los centros motivacionales. La curiosidad es un mecanismo de evolución, progresivo y gradual, que da la posibilidad de avanzar en el conocimiento y dominio del entorno, por esta razón los niños son unos curiosos incorregibles, despertando su “mente científica” cuando preguntan “por qué, para qué, cómo”, y así darle significado a lo que están aprendiendo. Dado que la curiosidad en las personas las lleva de la mano a un continuo aprendizaje, una de las metas a replantear en los centros escolares es buscar como ofrecer apoyo y asesoría a docentes y alumnos para alentar, inducir, provocar la curiosidad, dispararla para generar el aprendizaje, educar y formar bajo la pedagogía de la curiosidad, sustentándola en la emoción por aprender, y la motivación intrínseca de la curiosidad es más constante y poderosa que la motivación extrínseca del refuerzo para incentivar la capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida (long life learning).
Albert Einstein alguna vez dijo: “No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso”

