Desde el departamento del Cauca, donde los cultivos de coca se extienden por millares de hectáreas, la comunidad indígena nasa reivindica una mata para ellos milenaria y que pese a haber sido convertida en negocio ilegal lucha contra la “satanización” con diversos productos, entre ellos una cerveza.
La coca no solo tiene potencial en materia culinaria, también en términos medicinales y otros usos: “Para nosotros la hoja de coca es una bendición porque nos ha quitado el hambre, la sed, el cansancio, el dolor del alma y el dolor físico”, alaba Fabiola Piñacué, del pueblo nasa.
A finales de los años 90, Fabiola empezó a vender “paqueticos” de coca en la Universidad Javeriana, donde estudiaba, a mil pesos (20 centavos de dólar de hoy) para “el dolor del alma de las muchachas y para trasnochar para estudiar”, cuenta en una entrevista a EFE.
Para 1998 ya había constituido la empresa con la que quería dar a conocer la coca más allá del resguardo: Coca Nasa.
Ahora, el catálogo de productos de la empresa Coca Nasa se ha expandido más allá de la cerveza y el refresco de coca: galletería, ungüentos, infusiones y licores en una compañía que ya emplea a 20 personas, además de tener una fábrica en Bogotá donde transforman la hoja de coca y un centro de acopio en el Cauca donde le compran a los campesinos sus cosechas de la planta.
Su producto estrella es la Coca Pola. En un juego de palabras que incluye la forma colombiana de referirse a la cerveza (pola), esta bebida alcohólica a base de coca se ha convertido en referente para otros usos de la mata más allá de la pasta base para la cocaína.
Oriunda del resguardo indígena de Tierradentro, en el Cauca, Fabiola se considera una “negociante desde las raíces ancestrales con la hoja de coca, porque la hoja de coca siempre ha sido la moneda para el pueblo nasa” para el que representa “la economía del centro de la economía”, detalla.
“Yo venía de la cultura de la hoja de coca y cuando llegué a Bogotá me encuentro que hay un afán por desaparecerla. Frente a esa persecución lo que hago es ponerme al frente de todo el mundo” para convencerlos de que “la hoja de coca es un alimento y se puede construir la paz alrededor” de ella.
La empresaria quiso compartir “con la otra sociedad no indígena” este conocimiento a través de una “propuesta muy sana, muy tranquila, muy desde las raíces de ancestrales y muy nuestra”.
Fabiola y su empresa traen del Cauca la hoja deshidratada, ya que es “lo máximo que podemos hacer allá por las circunstancias de transporte y de logística”, relata.




