domingo, agosto 25, 2019

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Una nueva masacre

No hay nada que duela más que la impunidad. En este país todo puede pasar y nunca hay un culpable.

De la misma manera que mueren más de 160 personas quemadas cuando se robaban el combustible de un ducto de Pemex en el estado de Hidalgo, como 13 personas masacradas en un restaurante en Minatitlán, Veracruz.

O como es común conocer que murieron cinco personas ejecutadas en una esquina de algún municipio de Michoacán o una persona en la misma calle donde uno vive.

Todas estas historias tienen el mismo común denominador: quien o quienes cometieron estos homicidios, siempre son protegidos por la impunidad.

Según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a marzo de 2018 se registró el trimestre más violento en México. El más sangriento desde que se llevan a cabo estas mediciones.

Comparado con el mismo periodo de 2018, los homicidios se incrementaron en 9.7% pasando de 6 mil 598 a 7 mil 242 casos.

Y si bien no se le puede achacar esta creciente estadística al Presidente Andrés Manuel López Obrador, sí se le puede señalar que el Presidente está más distraído en lograr más poder, a costa de la propia Constitución.

Hoy en día tenemos un Presidente distraído, enfocado exclusivamente en mostrar que él es el que tiene el poder.

Tenemos un mandatario entretenido en buscar nuevas ideas para darle la vuelta a la división de poderes y en construir alianzas al estilo priista.

Busca más a Elba Esther Gordillo, a Napoleón Gómez Urrutia y a Manuel Bartlett que a quienes le reclaman día a día mayor seguridad, que somos los ciudadanos.

Ausente en las primeras horas a la masacre de Minatitlán, que dejó 13 muertos, López Obrador prefirió atacar a sus adversarios políticos con pasajes bíblicos que referirse a las víctimas de los homicidios.

Y si el Presidente fue a Veracruz fue porque ya lo tenía planeado, para encabezar el acto oficial que recuerda la invasión de Estados Unidos a México.

En sus primeras declaraciones, López Obrador calificó éstos asesinatos como producto de una política económica antipopular y entreguista, prometiendo justicia.

Lo cierto es que el Presidente está extraviado, no encuentra aún cómo saciar su sed de poder político y envuelto en esa necedad, descuida lo que verdaderamente es importante.

Él cree que el combate a la corrupción es la necesidad más importante para la ciudadanía, cuando eso es una consecuencia de tantas que arroja la impunidad.

Por eso, la política del perdón y el olvido no puede ser algo que tenga que aplicar el Presidente. Debemos tener culpables del ducto en Hidalgo, de la matanza en Minatitlán, de los ejecutados en todos los estados del país y de quienes matan y asaltan en nuestra propia calle.

@agsarubbi

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