domingo, 11 de octubre de 2026.

Ruido excesivo por sonideros en el Jardín Hidalgo; vecinos, hartos, exigen Nancy Nuñez que los muevan

Vecinos del Centro de Azcapotzalco exigen a la alcaldesa Nancy Núñez poner fin a los eventos sonideros que, aseguran, cada ocho días convierten el Jardín Hidalgo en un foco de ruido, basura, consumo de alcohol y molestias para quienes viven alrededor.

Lo que para la alcaldía Azcapotzalco son actividades de entretenimiento, para habitantes del Centro de la demarcación se ha convertido en un problema que padecen prácticamente cada fin de semana.

Vecinos denuncian que los sonideros instalados en el Jardín Hidalgo, frente a la iglesia de Azcapotzalco y rodeados de viviendas, comercios y otros establecimientos, utilizan enormes equipos de sonido que mantienen la música a un volumen que, aseguran, rebasa los niveles permitidos y afecta la tranquilidad de quienes viven en la zona.

Las jornadas pueden comenzar desde la mañana o, dependiendo del evento, entre las dos y tres de la tarde, y prolongarse hasta las nueve o diez de la noche.

La molestia, dicen, no se limita al ruido.

Durante los eventos se registra, según los vecinos, acumulación de basura, botellas de cerveza, consumo de alcohol y personas que utilizan los espacios públicos como sanitarios, lo que deja un ambiente de suciedad y deterioro alrededor del jardín.

El problema, aseguran, se extiende además a algunos establecimientos de la zona.

Vecinos señalan particularmente al negocio conocido como El Emperador, donde las bocinas permanecen colocadas hacia el exterior y la música forma parte de las molestias cotidianas, así como al Bar Alameda, ubicado dentro del propio Jardín Hidalgo, donde los fines de semana se incrementa el ruido y el movimiento de personas.

NI SIQUIERA SE PUEDE ESCUCHAR LA MISA

Uno de los reclamos más fuertes es que el Jardín Hidalgo se encuentra prácticamente pegado a la iglesia de Azcapotzalco, por lo que el sonido de los equipos instalados para los sonideros se introduce al templo.

Los habitantes aseguran que, durante algunos eventos, el volumen es tal que incluso dificulta escuchar con claridad las celebraciones religiosas.

La situación resulta particularmente complicada para las personas mayores que viven en los alrededores, quienes, de acuerdo con los vecinos, tienen que permanecer en sus viviendas con las ventanas cerradas para intentar disminuir el impacto del ruido.

Una vecina de la zona, María Elena, quien asegura tener más de 35 años viviendo en el Centro de Azcapotzalco, recuerda que anteriormente el Jardín Hidalgo era utilizado para actividades culturales de otro tipo.

Según su testimonio, en ese espacio se presentaban orquestas, grupos sinfónicos, ballet, música clásica y diferentes expresiones artísticas.

Ahora, lamenta, los sonideros se han convertido en una presencia recurrente durante los fines de semana.

“CULTURA NO SIGNIFICA RUIDO”, RECLAMAN

Otro de los reclamos vecinales apunta directamente a la alcaldesa Nancy Núñez.

Los habitantes cuestionan que la administración de Morena respalde este tipo de actividades y recuerdan que la propia alcaldesa ha participado en eventos con sonideros, incluso en celebraciones de aniversario realizadas en el Jardín Hidalgo.

Para los vecinos, el problema no es que existan actividades culturales o recreativas, sino que se privilegie un formato que, aseguran, genera ruido excesivo y afecta directamente a quienes viven alrededor.

Una de las vecinas, Macaria, resume la inconformidad al señalar que pareciera que para la administración “cultura significa ruido”, porque, según los habitantes, los eventos que se realizan con mayor frecuencia en el jardín están relacionados con música a elevado volumen.

La exigencia, dicen, no es acabar con las actividades culturales, sino recuperar el equilibrio y garantizar que cualquier evento respete los límites de ruido y el derecho de los habitantes al descanso.

YA HABÍAN LOGRADO QUE LOS RETIRARAN

Los vecinos recuerdan que el conflicto no es nuevo.

En una ocasión, habitantes de la zona se organizaron, reunieron firmas y acudieron a una audiencia ciudadana para manifestar directamente a la alcaldesa su rechazo a los sonideros.

Como resultado, aseguran, los eventos fueron retirados durante algunos meses.

Sin embargo, posteriormente regresaron al Jardín Hidalgo.

Para los habitantes, el regreso de estas actividades representa un retroceso, pues aseguran que nuevamente cada ocho días tienen que soportar horas de música a elevado volumen.

Un vecino identificado como Jorge Ignacio describe la situación como insoportable, particularmente durante los fines de semana, cuando quienes viven en los alrededores buscan descansar y terminan expuestos durante horas al sonido de los equipos.

ESTE DOMINGO, MÁS POLICÍAS, PERO LA MOLESTIA CONTINÚA

Durante la edición de este domingo 6 de septiembre se observó presencia de policías y vigilancia en el área.

Sin embargo, los vecinos sostienen que la presencia de elementos de seguridad no resuelve el problema de fondo.

Lo que quieren, afirman, es que se revise la autorización de estos eventos, se respeten estrictamente los niveles de sonido y se analice si el Jardín Hidalgo es realmente el sitio adecuado para realizar fiestas sonideras de manera recurrente.

La preocupación aumenta porque, alrededor del jardín, además de las viviendas, se encuentran comercios y la propia iglesia, mientras que frente al espacio público también está la Casa de Cultura.

“YA NO PODEMOS VIVIR ASÍ”

Los vecinos aseguran que no están en contra de que Azcapotzalco tenga actividades culturales y recreativas, pero demandan una programación distinta y compatible con la zona habitacional.

Consideran que un espacio histórico como el Jardín Hidalgo podría albergar nuevamente conciertos, presentaciones artísticas, exposiciones, actividades para adultos mayores, niños y familias, sin convertir cada fin de semana en una jornada de ruido.

El reclamo es directo para Nancy Núñez: que tome cartas en el asunto, revise los permisos y condiciones bajo los cuales se realizan estos eventos y atienda las quejas de los habitantes.

Los vecinos aseguran que el ruido constante no solamente afecta su descanso, sino que genera estrés y altera la convivencia en una zona donde viven numerosas personas mayores.

Mientras la alcaldía mantiene los eventos sonideros como parte de sus actividades, los habitantes del Centro de Azcapotzalco sostienen que ya han agotado la paciencia.

Para ellos, el Jardín Hidalgo no debe ser sinónimo de bocinas a todo volumen, botellas de cerveza, basura y personas orinando en la vía pública.

Quieren recuperar el jardín, pero también recuperar algo que, aseguran, han perdido: el derecho a vivir en paz dentro de sus propios hogares.

 

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