Dice el refrán conformista, más vale malo conocido que bueno por conocer. Y en política ésta máxima popular parece siempre prevalecer.
Cuando los mexicanos creímos que un cambio en nuestro sistema significaba depurar a todos aquellos políticos que tanto daño le han hecho el país, la realidad nos volvió a ubicar.
Dos hechos nos sentaron en nuestras efervescencias y nuestra alegría por haber derrotado un sistema político: el nombramiento de Manuel Bartlett como futuro Director de la Comisión Federal de Electricidad y la exoneración total de la ex dirigente magisterial, Elba Esther Gordillo.
Quienes conocimos a esas dos figuras priistas en esplendor, su renacimiento nos rebotó como una cachetada con la mano mojada y las nuevas generaciones que no los conocen, sabrán lo que significa una Presidencia que negocia con lo más oscuro de nuestro pasado.
Sabemos bien que Bartlett no hará nada para mejor el servicio que ofrecerá la CFE, ni tampoco conocerá de nuevas tecnologías para tener una luz mejor y menos costosa, el otrora ex poderosísimo Secretario de Gobernación en tiempo de Miguel de la Madrid, es una cuota a un grupo de poder que necesita López Obrador para poder gobernar.
También sabemos que Elba Esther Gordillo no regresará a la dirigencia sindical del magisterio ni tampoco estará presenta en las negociaciones con los maestros, pero a Andrés Manuel le sirve su exoneración y lavado sus cientos de millones de dólares que tiene con una sentencia de libertad, para echar abajo la reforma educativa que se aprobó en este sexenio.
Si bien, el próximo Presidente ha querido maquillar a estas dos figuras, Bartlett y Elba Esther siempre tendrá el rostro de la corrupción, la trampa y lo más oscuro de nuestra sistema político.
@agsarubbi
