La presidenta Claudia Sheinbaum inicia esta noche una gira clave hacia Barcelona, España, donde participará en una cumbre de jefes de Estado con un enfoque de cercanía social. El viaje marca un hito diplomático, impulsado por lo que la mandataria describe como un cambio histórico en la postura de la monarquía y el gobierno español respecto al pasado colonial.
Agenda diplomática: Bilaterales de alto nivel
Durante su estancia, Sheinbaum sostendrá reuniones privadas con líderes estratégicos de la región y el continente europeo para fortalecer lazos de cooperación. Entre los encuentros destacados se encuentran:
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Pedro Sánchez (Presidente del Gobierno de España)
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Luiz Inácio Lula da Silva (Presidente de Brasil)
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Gustavo Petro (Presidente de Colombia)
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Yamandú Orsi (Presidente de Uruguay)
La mandataria precisó que, aunque este fin de semana coinciden dos foros en España, ella solo asistirá al de jefes de Estado. La representación de México en el encuentro de movimientos progresistas quedará a cargo de la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena.
Un mensaje de paz, no de confrontación
Ante las interrogantes sobre el trasfondo político de la reunión, Sheinbaum fue enfática al declarar que el cónclave no busca establecer un bloque de oposición contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
«No tiene el objetivo de oponerse al presidente Trump, sino más bien es un mensaje a favor de la paz», subrayó la presidenta.
Aseveró que, a pesar de las discrepancias con ciertas decisiones de la administración estadounidense, México mantendrá una relación basada en el respeto mutuo y la soberanía.
Reconciliación histórica con España
El motivo principal que destrabó la visita de la mandataria fue el giro en la retórica del rey Felipe VI y el canciller José Manuel Albares sobre la Conquista. Sheinbaum explicó que, tras diversas exposiciones culturales, las autoridades españolas han fijado posturas que reconocen los «excesos» registrados durante esa época.
La presidenta señaló que, en la actualidad, la visión de la Conquista como un proceso meramente «civilizador» ha quedado reducida únicamente a los sectores de derecha, permitiendo así que el gobierno de México retome un diálogo constructivo con España bajo nuevas premisas de respeto histórico.




