La simulación pedagógica, ¿realidad en los centros escolares?
Enfoque Educativo con Laura Águila Franco
@laura_aguila
En los centros escolares es una labor cotidiana que las y los docentes elaboren planeaciones didácticas, las cuales son fundamentalmente el diseño de un plan de trabajo, una hoja de ruta, que considera los elementos fundamentales necesarios en el proceso de enseñanza y aprendizaje, organizados de tal forma que faciliten al docente y a los estudiantes, la adquisición de conocimientos y desarrollo de habilidades. Este proceso sistemático permite la organización e integración de ideas, objetivos, contenidos, estrategias, actividades y formas de evaluación que idealmente deben adaptarse al contexto y las necesidades reales de cada grupo.Estas planeaciones son supervisadas por las figuras directivas, quienes realizan a su vez acompañamiento y tutoría docente, con la finalidad de que lo plasmado en el documento, y lo realizado en el aula coincidan, beneficiando el proceso de aprendizaje de las y los estudiantes.
La realidad nos lleva a observar en la gran mayoría de los casos, una escena que lamentablemente se repite en las escuelas: carpetas ordenadas, planeaciones didácticas “alineadas” a lo que la autoridad educativa solicita, en formatos “oficiales”, para que la presentación sea aceptable. En las carpetas se cuenta también con las “evidencias físicas o entregables”, que representan los productos tangibles del trabajo realizado… y, por otro lado, alumnos que no entienden lo que en teoría “ya se demostró que aprendieron” …
Esta triste escena tiene un nombre: simulación pedagógica. Y no es que las y los docentes no sepanenseñar o no quieran trabajar; la mayoría de las veces lo que se está ventilando es un sistema educativo deficiente, en donde, aun cuando se recita desde la autoridad educativa que la carga administrativa cada ciclo escolar disminuye, se sigue resaltando el cumplimiento administrativo por encima del verdadero aprendizaje, factor que propicia la “simulación”, para que los colegios sobrevivan dentro de ese mar de reglamentaciones y normativas.
Se cae en la simulación pedagógica, cuando la finalidad primordial de enseñar y que alguien aprenda, como acto educativo se transforma en “demostrar que se hizo algo”, dando poca importancia a si el estudiante verdaderamente comprendió y se apropiódel conocimiento. El mayor peso lo tiene la evidenciaen un libro, un cuaderno, o en un producto, la cual puede ser revisada y evaluada por la autoridad escolar.
Y mientras se presiona al docente exigiéndole innovación, pensamiento crítico, atención a la diversidad, etc., al mismo tiempo se le limita teniendo que cumplir con formatos rígidos, tiempos reducidos, y criterios evaluativos que las más de las veces están alejados de la realidad de la comunidad escolar que atienden.
Actualmente, se enfrenta una situación sin rumbo, sin estructura, en donde el mensaje que se envía a los docentes parece ser “enseña como quieras, siempre y cuando no se salga de los criterios establecidos (formatos)”. El pedagogo francés Philippe Meirieu, ha resaltado que “enseñar NO es solamente ejecutar procedimientos, sino crear las condiciones para que otro aprenda, algo que no es viable conseguir utilizando solamente una lista de cotejo.” Y por desgracia las políticas educativas continúan inmersas en la idea de medir, registrar, evidenciar.
La práctica cotidiana lleva al docente a invertir una gran cantidad de tiempo llenando formatos estructurados, en lugar de desarrollar planeaciones que permitan que sus alumnos tengan experiencias de aprendizaje verdaderamente significativas, lo que lleva de la mano a que los estudiantes aprendan a cumplir con actividades y tareas en tiempos específicos, la mayoría de las veces sin comprender cabalmente los propósitos. Todo lo anterior naturalmente se ve reflejado en un proceso de evaluación convertido en un trámite, el cual por más que se pregone, difícilmente se detiene a valorar los procesos, reduciéndose a calificar productos.
Es importante señalar que no se está agrediendo o criticando el valioso trabajo docente, por el contrario, es subrayar su importancia y el derecho de los estudiantes a recibir una educación de calidad. Es replantear las cosas y preguntarnos si se desea continuar con un sistema educativo basado en apariencias, en estadísticas fabricadas, en resultados irreales, en voces apagadas por las ayudas sociales, o tener el valor para poner sobre la mesa lo que realmente se vive dentro de las aulas de clase; tomar la decisión de nombrar las cosas por su nombre y marcar la diferencia.
De este modo, es recomendable que para desistir en el uso de la simulación pedagógica en el trabajo docente se fomente una verdadera reflexión crítica y lograr realizar conexión entre la teoría y la práctica real del aula, lo que significa ir más allá del simple cumplimiento formal de planes y programas para centrarse en el aprendizaje significativo de los estudiantes.
Algunas recomendaciones para avanzar en este fundamental tema son:
Al implementar estas acciones, se puede transitar de una simulación a una práctica docente auténtica y comprometida con el desarrollo integral y el aprendizaje con sentido de los estudiantes, y a la vez, un desarrollo profesional del docente.




